"Al mundo le falta un tornillo" de José María Aguilar y Enrique Cadícamo "Todo el mundo está en la estufa, Triste, amargao y sin garufa, neurasténico y cortao... Se acabaron los robustos, si hasta yo, que daba gusto, ¡cuatro kilos he bajao! Hoy no hay guita ni de asalto y el puchero está tan alto que hay que usar el trampolín. Si habrá crisis, bronca y hambre, que el que compra diez de fiambre hoy se morfa hasta el piolín. Hoy se vive de prepo y se duerme apurao. Y la chiva hasta a Cristo se la han afeitao... Hoy se lleva a empeñar al amigo más fiel, nadie invita a morfar... todo el mundo en el riel. Al mundo le falta un tornillo que venga un mecánico... ¿Pa' qué, che viejo? Pa' ver si lo puede arreglar. ¿Qué sucede?... ¡mama mía! Se cayó la estantería o San Pedro abrió el portón. La creación anda a las piñas y de pura arrebatiña apoliya sin colchón. El ladrón es hoy decente a la fuerza se ha hecho gente, va no encuentra a quién robar. Y el honrao se ha vuelto chorro porque en su fiebre de ahorro él se “afana” por guardar. Al mundo le falta un tornillo, que venga un mecánico. pa' ver si lo puede arreglar" Enrique Santos Discépolo Cuando la suerte qu'es grela fayando y fayando te largue parao... Cuando estés bien en la vía, sin rumbo, desesperao... Cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol... Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar... La indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás. Verás que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa. ¡Yira!...¡Yira! Aunque te quiebre la vida aunque te muerda un dolor, no esperes nunca una ayuda, ni una mano, ni un favor. Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás, buscando un pecho fraterno para morir abrazao... Cuando te dejen tirao, después de cinchar, lo mismo que a mí... Cuando manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar... te acordarás de este otario que un día, cansado, se puso a ladrar."
Es uno de los máximos compositores y pianistas del tango y de la música mundial y celebra sus 92 años. Es autor de clásicos como Taquito militar, Uno, El firulete y Cafetín de Buenos Aires, por nombrar sólo algunos...
Mariano Mores, considerado uno de los mejores pianistas del mundo, es, además, una marca indeleble en la historia del tango. Es autor, junto a otras glorias del género, de más de 300 canciones, entre las cuales se destacan los clásicos más clásicos de la historia del tango y, a esta altura, del cancionero popular del mundo.
Un listado de sus temas más memorables incluiría –caprichosamente y dejando afuera joyas musicales-: Cuartito azul, En esta tarde gris, Grisel, Uno, A quién le puede importar, Adiós, Pampa mía, Cafetín de Buenos Aires, El patio de la morocha, Taquito militar, La calesita, El firulete y Por qué la quise tanto.
Porteño de ley, nació en el barrio de San Telmo el 18 de febrero de 1918 y estudió, primero, en en el conservatorio D’Andrea en Lanús Oeste y luego hizo el Profesorado de Música clásica en sólo tres años. Para 1932, con 14 años, ya trabajaba en el café Vicente de la calle Corrientes. Fue acompañante en el conjunto criollo La Cuyanita y por un tiempo pianista de Roberto Firpo.
Sus primeras composiciones fueron en el marco del Trío Mores, que integraba junto a las hermanas Margot y Myrna Mores, quien se convirtió en su esposa –y todavía siguen juntos- y le otorgó lo que sería su apellido artístico.
En 1938 compuso varias obras para la película Senderos de fe, que no tuvo éxito, pero que le dio la oportunidad de conocer gente del ambiente, por ejemplo Roberto Sciammarella y Alberto Vaccarezza. Su primer tango fue Cuartito Azul, de 1939, creado con Mario Battistella.
Entre 1939 y 1948 fue pianista solista nada más y nada menos que en la orquesta de Francisco Canaro, mientras formaba su propio grupo con el que debutó en 1948 en el Teatro Presidente Alvear, dirigiendo una gran orquesta.
Mariano Mores también es reconocido por haber formado el sexteto rítmico moderno para el tango, compuesto de piano, bandoneón, guitarra eléctrica, órgano, percusión y bajo. Pero sus más grandes éxitos los ha logrado junto a su orquesta de corte sinfónico, en la que predomina el piano, y es con ella que ha conquistado el mundo.
Mores también fue uno de los precursores en llevar a sus giras internacionales diversos ballets de tango y folclore, apuntalando lo que luego sería un boom del tango como danza. Por otro lado, participó en muchas ocasiones musicalizando películas, por ejemplo junto a Hugo del Carrril.
En lo que se refiere a materia discográfica, Mores realizó la mayor parte de sus registros comerciales en el sello Odeón, aunque el primer sello que grabó fue Mercurio. En Odeón grabó entre 1954 y 1969. A partir de aquí, grabaría muy poco. Tango) para el sello CBS, en 1986 y un CD en vivo para Leader Music en 1994. Actuó con su orquesta en la película documental Café de los maestros (2008) dirigido por Miguel Kohan y en el álbum Café de los Maestros Vol. 1 y 2 (2005) producido por Gustavo Santaolalla en el que registró las regrabaciones de Tanguera y Taquito Militar.
La "tangoterapia" se utiliza en terapias de Alzheimer, Parkinson, para tratar la depresión, fobias sociales e incluso la esquizofrenia
El tango se ha trasladado de los salones de baile a las salas de terapia de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson en los últimos años, mientras proliferan los estudios científicos que demuestran que el "dos por cuatro" beneficia la salud, según expertos argentinos consultados por Efe.
Más allá del sentimiento de bienestar -según cuentan quienes frecuentan las milongas- que provoca bailar tango, está demostrado que mejora la capacidad aeróbica y la coordinación, por lo que puede ser muy útil como complemento terapéutico en algunas dolencias.
Los últimos en utilizar la tradicional danza rioplatense son los enfermos de Parkinson, ya que según un estudio realizado por la Universidad de Washington (Estados Unidos), bailar tango con frecuencia mejora el equilibrio más que otro tipo de actividad física.
La escuela de medicina de la Universidad de Washington realizó un experimento con 19 pacientes de Parkinson que se dividieron en dos grupos: uno realizó ejercicios de movimiento con sillas y el otro empleó ese tiempo en bailar tango, y se descubrió que, si bien ambos mejoraron, los segundos aumentaron más su equilibrio.
El médico argentino Roberto Peidro, uno de los pioneros en la investigación sobre las aplicaciones terapéuticas del tango, explicó en una entrevista con Efe que el "dos por cuatro" requiere prestar una atención especial a la coordinación, por lo que es "muy factible" que beneficie a los enfermos de Parkinson.
Peidro, director del Centro de Vida de la argentina Fundación Favaloro, dirigió en 1999 el primer estudio sobre tango y salud con personas sedentarias y con dolencias cardiacas, en el que se concluyó que bailar una media hora diaria repercute directamente en el aumento de la capacidad aeróbica.
Según explicó, esta es una característica que también tienen otras actividades físicas como caminar, pero el componente de coordinación que exige el tango aumenta sus beneficios, sobre todo en personas sedentarias.
Peidro matizó que el tango "no es mejor que cualquier otra actividad física", pero sí que otros ejercicios que no potencian la coordinación y otros bailes menos tradicionales.
"Si uno baila techno o música disco puede hacer cualquier movimiento, pero en el tango hay que estar pensando el paso que hay que dar", precisó.
La clave es la mejora de la capacidad aeróbica, que según el facultativo puede repercutir incluso en el incremento de la actividad sexual y por tanto la calidad de vida, sobre todo en enfermos cardiacos.
Bailar tango también puede favorecer a enfermos de Alzheimer, que de hecho ya participan en "tangoterapia" en varios centros del país, precisamente por ser una actividad de coordinación y porque obliga al paciente a ejercitar su memoria para recordar los pasos.
Pero el tango no sólo cura el cuerpo, sino que también es bueno para la mente.
El psiquiatra Federico Trossero, autor del libro "Tangoterapia", complementa con talleres de tango los tratamientos de enfermedades que van desde la depresión hasta las fobias sociales e incluso la esquizofrenia.
Observando la manera de bailar, de abrazar al otro y la actitud hacia la pareja, los profesionales obtienen datos que les ayudan a interpretar mejor la psique de sus pacientes, aseguró.
Trossero apuntó que "el tango de por sí ya es terapéutico" y recordó que comenzó a investigar sobre su aplicación clínica cuando conocidos suyos que lo bailaban decían que se sentían mucho mejor después de ir a la milonga, donde incluso desaparecían persistentes dolores de cabeza.
"Es increíble, se puede ver cómo la gente entra a las sesiones con una cara y sale con otra", dijo el facultativo.
La aplicación del tango en los tratamientos vive su auge precisamente después de la publicación del trabajo de la Fundación Favaloro, que ha interesado a profesionales de Canadá, Japón, Rusia o Finlandia.
A la vista de estos estudios, el tango se ha convertido en una de las últimas incorporaciones a los complementos terapéuticos e incluso se ha convocado el primer Congreso Internacional de Tangoterapia, que se celebrará el próximo julio en la ciudad argentina de Rosario.
Si bien el tango no es la panacea -"mejor bailar tango y caminar que hacer una cosa sola", advirtió Peidro-, con los datos en la mano no puede negarse que curarse al son de Carlos Gardel alegra el corazón y despierta la mente.
Las letras Las letras están compuestas en base a un argot local llamado lunfardo y suelen expresar las tristezas, especialmente «en las cosas del amor», que sienten el hombre y la mujer de pueblo, circunstancia que lo emparenta con el blues. La poesía tanguera tiene la inhabitual característica de ser considerablemente compleja, con el uso de metáforas y reflexiones filosóficas y al mismo tiempo muy popular, sobre todo en los estratos más humildes de la población. Imágenes como «el misterio de adiós que siembra el tren» que utiliza Homero Manzi en Barrio de tango (1942), o «las nieves del tiempo platearon mi sien» de Carlos Gardel en Volver (1935), o «tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas» creada por Enrique Santos Discépolo en Cafetín de Buenos Aires (1948), o «tinta roja en el gris del ayer» que Cátulo Castillo puso en Tinta roja (1941), reúnen una alta complejidad poética y al mismo tiempo una alta popularidad, que ha persistido con los años. Los temas principales y más conocidos de las letras de tango son el desengaño amoroso y el paso del tiempo, pero también la ciudad y sus personajes, la problemática social y política, el amor, la muerte, el fútbol y el mismo tango. Angustia; letra y música: Horacio Pettorossi El desengaño amoroso como tema central del tango es un lugar común, aunque sólo parcialmente cierto. Probablemente lo que llama la atención en la forma en la que el tango aborda el desengaño amoroso, sea el contraste del hombre «duro» y orientado al machismo, emocionalmente restringido, que se abre en las letras del tango, mostrando su interioridad y la profundidad de su sufrimiento. En el tango los hombres lloran y hablan de sus emociones, en un mundo en el que los hombres no deben llorar ni exponer sus sentimientos. La reflexión sobre el tiempo es una característica muy especial de las letras de tango, quizás tanto o más que el desengaño amoroso, mismo. Prácticamente todos los tangos contienen una mirada desagarrada sobre el efecto destructivo del tiempo sobre las relaciones, las cosas y la vida misma. Por sobre todas las cosas el poeta tanguero manifiesta su impotencia ante esa «fiera venganza la del tiempo»[13] y expresa «el dolor de ya no ser».[14]. Ejemplos de tangos clásicos por tema: El desengaño amoroso: Mano a mano (Celedonio Flores), Uno (Discépolo), Nostalgia (Discépolo), Esta noche me emborracho (Discépolo), Amargura (Le Pera). El paso del tiempo: Volver (Le Pera), Caminito (Coria Peñaloza), El corazón al sur (Eladia Blázquez), Tinta roja (Castillo). Problemática social: Cambalache (Discépolo), Que vachaché (Discépolo), ¿Dónde hay un mango, viejo Gómez? (Pelay), Chiquilín de Bachín (Ferrer). La muerte: Sus ojos se cerraron (Le Pera), Adiós muchachos (Veldani), Adiós Nonino (Eladia Blázquez). El amor: El día que me quieras (Le Pera), De todo te olvidas (cabeza de novia) de Cadícamo, Amores de estudiante (Le Pera), Los mareados (Cadícamo). La ciudad: Mi Buenos Aires querido (Le Pera), Cafetín de Buenos Aires (Discépolo), Barrio de tango (Castillo), A media luz (Lenzi), Yo soy la morocha (Villoldo), Balada para un loco (Ferrer), Sur (Manzi). El tango: Malena (Manzi), Che, bandoneón (Manzi), El firulete (Taboada), La canción de Buenos Aires (Romero), Así se baila el tango (Marvil), Pa’ que bailen los muchachos (Cadícamo), Siga el baile (Warren), Che, papusa, oí (Cadícamo), La última curda (Castillo). les dejo una letra de una canciom! A buenos aires Música: Edmundo Rivero Letra: Edmundo Rivero (milonga) En tu baraje gringo, ciudad mía, vas perdiendo tus zarzos y tu brillo. Tu malevaje está en la taquería y apoliya en orsay tu conventillo. Sos cadenera, flor sin berretines, que currás a los cuores con tu rango; pero el choma que aceita tus patines es canchero y varón, se llama tango. Mis escoberos siempre harán candado y en mi bobo de zurda sin falsía, aunque te dieron juego marquillado pa’ mí vos valés más que una María. Yo seguiré scruchando en tu lunfardo sin monseñor, jirafa, ni bandera. Y mi vos artillera será el bardo que te cante la rima más canera. Cuando llegue al final, si la de blanco me lleva con el cura antes que al hoyo, que el responso sea en lunfa, así lo manco. Yo no aprendí el latín, de puro criollo. Y así estarás feliz, matina y sera, más contenta que santo en la leonera.
El Caminito, verdadero museo a cielo abierto, conserva las calles empedradas y casas coloridas de los tiempos de la inmigración.
El emblemático barrio porteño de La Boca es llamado así debido a que precisamente en este sector el Riachuelo forma una especie de "boca" al arrojar sus aguas en el río de la Plata.
Aún se discute si fue en este barrio donde Pedro de Mendoza fundara por primera vez la ciudad de Buenos Aires, pero con seguridad las márgenes del Riachuelo fueron su primer puerto.
Hacia finales del siglo XVIII, ambas márgenes registraban un gran movimiento de marineros y comerciantes. La inmigración italiana, en particular genovesa, dio caracter a este barrio, donde más de la mitad de la población era extranjera. Sus características viviendas coloridas de chapa acanalada conformaron los "conventillos", viviendas donde debían convivir, algunas veces armoniosamente y otras no tanto, varias familias.
Uno de los pintores argentinos más reconocidos, Benito Quinquela Martín, dedicó prácticamente toda su obra y también su vida a plasmar la fisonomía de La Boca; se preocupó por la preservación del aspecto del barrio e incluso bautizó así a la emblemática calle-museo "Caminito", en homenaje a un famoso tango. Esta calle es una muestra pintoresca del barrio, visita obligada del turista.
Quinquela Martín vivió en este barrio y donó terrenos para la creación de la escuela-museo Pedro de Mendoza, cuyas aulas decoró con temas del puerto. También creó el Teatro de la Ribera, cuyas paredes están igualmente cubiertas por su obra.
Numerosos artistas y artesanos ofrecen sus obras al visitante, quien puede fotografiarse también junto a algún bailarín de tango. En sus restaurantes se sirven pastas, pescados y mariscos. Cruzando el puente Avellaneda se tiene una vista del Riachuelo, el Río de la Plata y el puerto de Buenos Aires.
Turismo en Buenos Aires
Buenos Aires conjuga la calidez de la época colonial, el refinado encanto de los estilos europeos y los modernos rascacielos que marcan el impulso de la ciudad hacia los tiempos modernos.
De la época colonial, sin duda el símbolo más visible y que logró sobrevivir a las muchas mutilaciones de que fue objeto es el edificio del Cabildo, frente a la Plaza de Mayo, la antigua Plaza Mayor colonial.
Pero lo que más marca a Buenos Aires y que le valió el apodo de "la París americana", es ese aire europeo que se percibe en el centro de la ciudad, esas mansiones al mejor estilo de los palacios de los nobles franceses, las amplias avenidas imitando los boulevards de París, las estatuas y fuentes dispersas por toda la ciudad, aunque muchas están descuidadas y parecen añorar épocas de oro...
De Europa también llegaron miles y miles de hombres y mujeres, italianos y españoles en su mayoría, que se establecieron en la zona del antiguo puerto, en el barrio de la Boca. Hoy, el popular barrio de casas coloridas y el emblemático "Caminito" es visita obligada para quien quiere conocer Buenos Aires.
En medio de toda esa fiebre europeizante nació el tango, ese baile sensual condenado por los puritanos, despreciado por la clase alta, pero defendido a muerte en los arrabales, tanto que se impuso en Europa antes de ser aceptado en su ciudad de origen.
Un día cantó en un café de la calle Corrientes quien llevaría el tango a su máxima expresión:Carlos Gardel. En el barrio de San Telmo se encuentran gran cantidad de casas de tango donde pueden tomarse lecciones de baile o simplemente ver bailar a los que saben.
La zona de Puerto Madero es la más nueva de la ciudad. Ofrece un ambiente agradable para una caminata por los diques o para disfrutar de una buena comida, de nivel internacional o la típica parrillada, en sus tantos locales gastronómicos, aunque hay que decir que no resulta económico.
Y para quienes disfrutan del aire libre, extensos y sombreados parques ofrecen alivio al agotador ritmo ciudadano... pero a no detenerse totalmente! La noche porteña espera, con sus siempre abundantes ofertas teatrales, sus cines y bares!
Carlos Gardel: Desde que se fue,el tango no es lo mismo.
A las 15.10 horas del 24 de junio de 1935, en Medellín, Colombia, dieciséis personas murieron enun choque entre dos aviones. Entre ellos, los guitarristas Guillermo Desiderio Barbieri y Ángel Domingo Riverol y el guionista y letrista Alfredo le Pera. En el accidente se esfumó también el sueño del tango: Carlos Gardel.
Gardel antes de embarcarse en el avión
que le llevó a su último destino
Si veinte años no son nada, tres veces veinte son menos aún. De las placas de 78 r.p.m., los discos de pasta, esos que ya ningún tocadiscos actual consigue hacer sonar, se han servido numerosas casas discográficas para reeditar la obra del cantor que dio gloria al tango.
¿Por qué? A las razones del corazón que el corazón ignora, habría que agregar que la obra de Gardel ya no tiene herederos, ha pasado a dominio público.
... Ah, y que las placas originales, las matrices que grabara fueron destruidas por ocasionales directivos de las casas discográficas donde el "maestro" dejó su arte impreso. Gracias a los coleccionistas, apóstoles Gardelianos que los hay por todo el mundo, de uno cualquiera de esos cientos de miles de discos de pasta que se vendieron y oyeron incansablemente se toma el sonido para los modernos discos compactos. Da igual, o casi. Gardel sigue cantando, usted puede encontrar en cualquier tienda de música, más o menos treinta discos compactos, insuficientes para abarcar su obra completa, aunque se asegura que lo conseguirán este año. Grabaciones que van desde 1913 en aquellos sistemas prehistóricos hasta el meramente eléctrico de 1935. Ya me dirán si hay algún otro pájaro humano cantor capaz de sobrevivir cantando (en los discos) cada día mejor, según cuentan los de fino oído en cualquier sitio del globo terráqueo. Hay -hasta aquí- una simple razón de sincero asombro, de borrachera estadística que después crecerá cuando le oigan cantar... su tango inacabable.
Pero hay más, para el asombro casero si se quiere. Coleccionistas madrileños han sido capaces de reunir más de cuarenta canciones compuestas específicamente para Carlos Gardel. Le hagan o no el monumento público en Buenos Aires, se ocupen o no la Unesco o las multinacionales, los gobiernos o alguna iglesia, lo cierto es que sigue ahí, aquí y allá, inexorable, con vida propia (después de la muerte) viviendo por sí mismo y.. con un pedazo de cada uno de nosotros que, a sesenta años de su muerte, podemos ser gardelianos de cualquier país del mundo.
"Desde el vientre de mi madre/ vine a este mundo a cantar"... La copla de Martín Fierro escrita en 1872, bien puede haberlo anunciado. Según acta de nacimiento fechada en Toulouse, Francia, tierra de trovadores y de cátaros, nació el 11 de diciembre de 1890. Aunque todavía circulan teorías o teoremas sobre su país de nacimiento, como en el caso de tantos inmigrantes en las tierras del Plata. Fuera de ellos, el hombre y la mujer son lo que eligen ser, más aún, suyo es el lugar donde se han asignado pacer. Con estas convicciones, modernas y cosmopolitas, antiguallas de nacionalidades por nacimiento y otros bordes quedan definitivamente zanjados (o para beneficio de culebrones a la hora del entresueño posterior a las comidas, si acaso). Vino al mundo con el apetito fuerte, gozador de la buena mesa, de la calle con carreras de caballos y de trasnochadas con amiguetes.
Vino (o las privaciones lo hicieron así) perseguido por la pesadilla de su tendencia a engordar, por la que alguna vez subió el fiel de la báscula a los 118 kilogramos. Pero... a fuerza de gimnasia, cuando las exigencias de imagen se lo pidieron, consiguió bajar a los 76 kilos de un aceptable galán. Tan galán que no sólo implicó a las mujeres que declararon haberse acostado con su fama, o que buscaron la muerte por el suicidio cuando el astro murió en el accidente de Medellín. Hubo entre la moda masculina un "hablar como Gardel" "peinarse", "vestir" "sonreír"... Es conocido que los artistas del flamenco como El Gallina llevaban permanentemente un retrato de Gardel en su chaqueta, y que solían ponderarle como modélico no sólo su maestría en el canto sino su don de escenario, su "pinta" para presentarse al público.
Sin embargo, el artista es por su obra y el ya famoso cantante de temas criollos no sería el que es -ni de lejos- de no ocurrir aquel hecho formidable ocurrido en el año 1917, en que empezó a cantar tangos según él mismo inventara cómo hacerlo. Un tango de abandono amoroso, ocurrido en los conventillos o corralas de Buenos Aires; no tan prestigioso como el de la Helena homérica, por citar, pero abandono también como en la gran poesía popular de las culturas del mundo. Tal vez por esa partida de nacimiento del tango-canción en 1917, y por los temas que crecieron con las alas que les dieran las películas francesas y yanquis, haya una concepción tópica y empobrecida del tango que lo cataloga como "lamento del hombre engañado". Esa idea denuncia el haber oído tan pocos tangos que uno recuerda aquella divertida anécdota que siempre contaba Gardel entre sus amigos. Al llegar por primera vez a Madrid, fue al bar Chicote donde el famoso dueño le preguntó de dónde venía y a qué se dedicaba. Cuando Gardel le comentó que venía de Argentina y que cantaba tangos, el dueño volvió con otra pregunta: ¿Ya usted cuando le abandonó su mujer? La enorme oferta discográfica actual puede ya dimensionar un espectro infinitamente más amplio de aquella "vasta comedia humana" que los tangos narran.
Cantó de una gente que andaba buscando personajes y autores que le dijeran lo de Cristo a Lázaro "levántate y anda". Era gente que no tenía voz y apenas un voto cantando en las elecciones. cantó la pujanza de una ciudad abierta que buscaba su leyenda en palabras del proliferante lenguaje popular mixturado de germanías hispánicas, lusitanismos, italianismos, y abundante inventiva espontánea.
Con esa marca, el tango ha conseguido convertirse en un exquisito prisma de lo que somos en este siglo. Ha conseguido lo que Borges pretendió al final de su carrera: escribir como habla la gente. Borges, quizás el menos sospechoso de populismo literario. Un prisma, hay que decirlo, de espaldas a las historias oficiales sudamericanas hechas de grandes gestos destinados a pulverizar las debilidades humanas. Se asume la finitud de la vida, o se la rechaza, pero ella está ahí, presente en los años que pasan, en los abandono que cumplen condenas, en el devenir que nos dice que: "al fin si todo cambia/ en esta vida rastrera/y se afloja el más derecho/ si lo tiran a doblar...". Luego, después de haber cantado a la quebradura, los personajes que mejores tangos han dado son los satirizados, aquellos que por el revés de la trama intentan engañarse con la infinitud, con la inmortalidad, con tener lo que no tienen.
Estamos condenados por la ley del disco que gira, al camino más corto, el camino de la rueda, y volveremos sobre aspectos a los que ya hicimos referencia. Vivió desde el 11 de diciembre de 1890 al 24 de junio de 1935, antihéroe contemporáneo (para no ser artificioso, ni de plástico), no fue un "recordman". Sin embargo, seguimos tentados de señalar que habiendo vivido cuarenta y cinco años grabó 1.500 discos (912 temas)además de prodigarse en escenarios de América y Europa. Esa actividad llega al vértigo en el último año que vivió, cuando hizo de actor y de compositor -cantante en cinco películas, amén de grabaciones y actuaciones públicas sin cesar. Carlos Gardel que no era un "recordman" sino un gozador, un expansivo en las comidas y en la noche, aunque aquello le costara horas de gimnasia, y nunca vertiera buena opinión para las horas anteriores al mediodía. En fin, el tango es hijo de la noche, esa gran conquista del espíritu latino, (sus últimas palabras grabadas en La Voz, de la Víctor, iban dirigidas a los amigos de América Latina y España). En efecto, sabemos que en algún lugar del mundo y de la especie, se creó el fuego para pasar de lo crudo a lo cocido; pero también para el reconocimiento del otro en cuerpo viviente, entre las sombras. Por extensión suelen ser animales nocturnos los búhos y los gatos: detestan las prisiones, o las aguantan mientras dure la esperanza de libertad, en tanto puedan seguir teniendo resto de indomables, de cívicos pero no serviles. La noche tiene sus animales para tótem de noctámbulos y las artes como el tango, creadas en su hora.
Asimismo, Carlos Gardel es una manera de sonreír; el primero en exponerla entre tantas retractaciones austeras que perfilan las galerías de próceres en Argentina. Eso lo convirtió en familiar, muchacho bueno y generoso que a los sesenta años de su muerte no falta quien en el cementerio de la Chacarita de Buenos Aires, a uno lo guíe afirmando "Gardelito está en la esquina de la calle 33 y 12". Pocos años después del accidente de Medellín, el general Perón declaró que para gobernar Argentina hacía falta la sonrisa de Gardel. Intentó reproducirla en cuanta ocasión pudo, ya sin aquella sin aquella fortuna de dientes que derrochaba el cantante. La Argentina de los tiempos de Gardel, del saludo de una acera a otra, de la distancia desconfiada entre las clases sociales de la sociedad autosatisfecha que buscaba un estilo, una estética para definirse con personalidad en el mundo, dio paso al hormiguero industrial caótico y torpemente funcionalista. La ideología Estado versus individuo, orilla-centro, cedió paso y escenario a la palmada del patrón en la espalda de su trabajador para que no lo sienta ni distante, ni en la acera de enfrente. Curiosamente la sonrisa de Gardel es lo más recordado en tantas imágenes que posan en las fachadas de los bares, como en el parabrisas de los autobuses... la misma del busto que sonríe, en el monumento que se eleva en su tumba, con la diosa de la Lira, entristecida, a su lado.
Para su historia amorosa rodeada de una celosa discreción muy acorde con la época, no falta quien a la hora de repartir prendas le adjudique condiciones de gigoló o tendencias homosexuales encubiertas. Como en esos tangos de diatriba y escarnio donde toda la maldad se pone en alguien, se la focaliza encarnizadamente, uno sospecha que hablan más del autor que los escribió que del personaje que intentan retratar. Al parecer, la baronesa de Wakefield pudo haberle "prestado o donado" facilitaciones para que se filmaran sus películas europeas y americanas. Si es cierto que el dinero de Wakefield sirvió a ello, para que los gardelianos le viéramos cantar y el público hispánico tuviera un aedo, trovador de sus modernas cosmópolis, gracias pues a Gardel y a Madame Wakefield... y otra vez a Gardel.
Personalmente he podido ver en cartas que con devoción guardan Celina Maschio, o el coleccionista Bruno Cespi, cómo la consabida reserva que le mantuvo airoso en el cotilleo de los buitres de su vida sentimental, se convierte en confesión vitalista. A su amigo Francisco Maschio le dice que imaginaba un día retirarse con la caña de pescar y la pipa pero junto a una muchacha como su amiga de entonces, en Estados Unidos, en Suecia, en España, en toda Latinoamérica... Volverá a cantar en los cines, en las radios... Su tumba con la estatua de un Gardel sonriente y fumando contra las muecas del tiempo que pasa, lucirá desbordada de flores. La muerte es entrar en el silencio, "silenciarse", un silencio a todas luces diferente del que había antes de nuestro nacimiento... pero que a la larga - de a poco-, se le irá pareciendo. Cuando un artista ha muerto uno puede ir a sus papeles, a las partituras, a las imágenes que quedan en el celuloide repitiendo gestos y actos de la vida, puede adquirir los discos. En el caso de Gardel es algo distinto a otros. Sus forofos aseguran con gesto alegre que sigue vivo. Si uno no pone el disco habrá siempre alguien que lo haga en la casa de al lado, en la radio, en insospechados sitios. De ahí que posiblemente acabe siendo un invento nuestro ya; o el tango un invento suyo que se completa en la particular manera de escucharlo que lo actualice. Escritores contemporáneos han dicho que el acto de la lectura es tanto o más importante que el de escribir. A tal punto que Juan Rulfo declaró que había escrito su novela Pedro Páramo porque no estaba en su vasta biblioteca... y quería leerla. Tal vez Carlos Gardel haya inventado la manera de cantar el tango para escuchar cantando aquello que antes sólo era música y baile. Por qué no pensar con el deseo de Lautreamont, que la poesía es hecha por todos (como el idioma), por el yo y el otro, por nosotros cuando recreamos la magia de un tango al oírlo.